28 / 04 / 2004
"Ahí va el del milagro"

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MADRID (España). "Tengo ganas de torear, muchas ganas, más que antes". Esta es sin duda, la frase más repetida por Curro Bedoya durante nuestra conversación, una charla pendiente desde el mes de mayo. ¿Tu eres consciente de lo mal que estuviste? "Yo no, contesta rotundo. Me voy dando cuenta de todo ahora. Cuando me desperté pregunté como había sido el golpe, si le había pasado algo al caballo y que día era para ver si podía torear en Vistalegre". Pero el 11 de mayo en Vistalegre, el día de su alternativa ya había pasado. Diecisiete días en coma, una lucha entre la vida y la muerte en la que ganó la juventud del joven rejoneador y las ganas de continuar.

"Yo me acuerdo de todo lo que pasó ese día hasta que maté al primer toro. Recuerdo que tuve que descabellar y todo eso pero después ya no recuerdo nada. Son cosas que pasan pero no se lo deseo a nadie".

Curro, que no pierde la sonrisa en ningún momento de la mañana, reconoce que el percance le ha hecho madurar "ahora miro la vida con más respeto" pero que no le ha cambiado en casi nada. "Lo único que quiero hacer es demostrar que valgo y terminar lo que había empezado el año pasado, que estaba en un sitio bueno. Continuar desde ahí, tomar la alternativa y tener un sitio en el rejoneo".

Pieza clave en su recuperación, Marta, madre de Curro, una mujer fuerte que sufrió cada momento al lado de su hijo, afirma que el joven caballero lo tiene muy claro. "Si está en esto es para estar arriba, para ser alguien; sino, tiene muy claro que prefiere no ser rejoneador". "Mi madre, continúa Curro, lo ha pasado bastante mal y a veces me regañaba y me decía, ahora porque estás mal pero ya verás cuando te pongas bueno. Y es que al principio me costaba coordinar las palabras, decía las cosas al revés, cosas normales cuando se tiene un golpe así".

Ahora, tanto Marta como Curro, contemplarán la vuelta a los ruedos de su hijo con el recuerdo marcado por el miedo de un nuevo percance."Los médicos, afirma Marta, nos han dicho que no le queda ninguna secuela, que si volviera a tener un golpe sería como si nos lo diéramos uno de nosotros, nada más. Es increíble que no le haya quedado ninguna secuela porque al principio tenía muchas lagunas y no pensábamos que podría estar así". Mira a su hijo con admiración y casi incredulidad. "Lo pasamos muy mal, sobre todo la última operación. Los médicos nos decían que si no le operaban tenía unas horas de vida pero que no nos podían asegurar que saliese con vida de la operación. Fue una situación terrible pero había que arriesgar porque era la única solución". Esos mismos médicos, los que le atendieron, ahora, cuando le ven en las revisiones comentan "Ahí va el del milagro". El milagro de la recuperación de un joven que a sus veinte años ha vuelto a la vida.

Lo que en ningún momento Curro, Chencho como le llama cariñosamente la familia, se planteó fue dejarlo. "Para nada, ahora menos que nunca. Si lo que yo quería era volver en agosto y al principio todos me decían que si para ayudarme a recuperarme". En el mes de octubre empezó a montar. "Al principio no querían dejarme pero ya no podía más y eso que para distraerme me habían llevado todo el verano a la playa, a Barcelona y se portaron fenomenal, pero ya no podía más. Me pasaba todo el día dando vueltas...". Y le dejaron. Le dejaron subirse a un caballo y les sorprendió aún más. "Todo el mundo se quedó asombrado porque salí pegando quiebros, haciendo piruetas, de todo..." Desde entonces entrena cada día más de ocho horas. "Me levanto pronto, a las ocho y media. A las nueve empiezo a montar y estoy hasta las dos y media. Como y a las tres y media vuelvo a montar hasta las ocho de la noche".

Lleva montando desde los cuatro años, y dice que siempre quiso ser rejoneador."Cuando era pequeño me cuentan que en cuanto se descuidaban me iba a la cuadra y me encontraban durmiendo entre las patas de los caballos y ellos se asombraban mucho porque nunca me hicieron nada". Y es que, ya entonces empezó una relación que tenía que acabar en los ruedos "si lo que más me gustan son los toros y los caballos..."

De las paredes de la cuadra cuelgan fotos de su padre, Curro Bedoya, y todas las figuras del rejoneo de los últimos años. "Admiro a todos, todos tienen algo bueno, Pablo, Moura, Callejón, Martín Burgos, todos tienen su sitio y lo bueno es poder coger lo mejor de cada uno y adaptarlo a uno mismo". Con el último, Martín Burgos, tiene una relación especial. "Este año todos me han ayudado mucho, me han brindado toros en todos los sitios a los que he ido y eso me ha servido. Pero al que más le debo es a Raúl Martín Burgos que me ha llevado con el siete u ocho tardes y eso me ha ayudado a evolucionar mucho mejor".

La figura de su padre siempre ha sido fundamental. Apoyándole desde el principio, Curro notó pronto una mayor exigencia del público. "Siempre te están comparando con él y eso es una gran responsabilidad. ¿Torear con él? Claro. Siempre que lo hemos hecho ha sido muy bonito y además siempre tenemos un pique entre nosotros. Lo que hay que hacer es intentar superarle".

Superación, la palabra que define a un "chaval" de 1,90 de estatura al que el toro le jugó una mala pasada y que, en sus sueños, olvidado ya el "accidente" se ve tomando en Las Ventas una alternativa que quedó colgada en el mes de mayo.








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